Esta casa de la calle Mayor nº 17 (que era la nº 13 antiguamente) fue -como muchas otras casas de la calle Mayor- construida, originariamente, en el siglo XVII.
Sin embargo, esta vivienda, tiene a su favor que ha sido mantenida y reconstruida -respetando el diseño, las formas y los estilos de edificación y de ornamento con los que se levantaron estas casas de la calle Mayor en el seiscientos (esos años del siglo XVII).
Podemos observar el patio interior en torno al que se distribuía la casa, tanto en el primer piso como en el segundo; las vigas de madera que lo conformaban, las columnas (sustituidas las de madera original, ya deterioradas por otras actuales -a la vez firmes y decorativas-). Han desaparecido las zapatas originales porque el tiempo ya no ha permitido reutilizarlas, pero, el conjunto, queda armónico, con el sabor de su historia, y, a la vez, habitable y acogedor.
La casa se distribuye en dos pisos amplios -de unos 300 m2 cada uno- y un descubierto por detrás que, en la actualidad da a la calle del Ángel. La construcción y el descubierto nos indican que la casa formaba desde el siglo XVII una unidad con el número 11 (hoy, 15) de la calle Mayor.
El descubierto linda con la casa que fue propiedad -a finales del XVIII y principios del siglo XIX- de Narciso Heredia, conde de Marina, casado con Mª Carmen Peralta y Aguirre, y sus sucesores.
Justamente, Rafael Jiménez-Muñoz Ortiz, el propietario de la casa de la Mayor 13 (hoy, 17) desde 1856, fue, entre otros oficios, administrador de Narciso Heredia.
Mercedes Laguna

Del siglo XVII a principios del XIX
La casa fue, desde su origen, de los Vázquez de Quevedo, enlazados en matrimonio con distintas familias importantes.
Desde principios del siglo XVIII, la casa pertenecía a los Vázquez de Quevedo y Castilla, a través del matrimonio entre José Vázquez de Quevedo y Leonor de Castilla Ramírez y Arellano. Fueron estos -José Vázquez de Quevedo y Leonor de Castilla- los padres de Antonia Vázquez de Quevedo Castilla.
Antonia Vázquez de Quevedo Castilla contrajo matrimonio con Miguel Carreño, de Cehegín. Y fueron los padres de de Mª Josefa Carreño Vázquez de Quevedo, quien se casó con Andrés Mª Belmonte Segura Nieto (de Orce), a finales del siglo XVIII. Sobre María Josefa y Andrés Belmonte he hablado en un artículo que va a ver la luz próximamente.
Mercedes Laguna
Los Jiménez-Muñoz Ortiz, en los siglos XIX y principios del XX
Todo el flanco izquierdo de la calle Mayor (hacia el convento de Santo Domingo), desde la esquina de la calle del Ángel estuvo habitado, como veremos, por miembros de la familia Jiménez-Muñoz Ortiz, en el siglo XIX y principios del XX.
En la calle Mayor, nº 13 (hoy, nº 17) estuvo la casa de los Jiménez-Muñoz Ruiz-Carrasco.
Desde 1856, fue la casa de Rafael Jiménez-Muñoz Ortiz y de Mª Dolores Ruiz Martínez Carrasco. La compraron a María Dolores Vázquez y Buendía, que era pariente de Mª Dolores Ruiz Martínez-Carrasco.
Descripción de las lindes: por la derecha, saliendo de la casa, don Tomás Jiménez-Muñoz Ortiz y su hermana Leonarda, con su hija, Purificación, haciendo esquina con la calle del Ángel. Por la izquierda (hacia arriba, por la calle Mayor), la casa de Manuel Jiménez-Muñoz Ortiz y de Alfonsa Sánchez- Morales Andrés de la Cámara, y de su hija Rosa Jiménez Sánchez-Morales.
En 1856, residían en la casa, Rafael Jiménez-Muñoz Ortiz (hermano de Tomás y de Manuel), de profesión, administrador, junto con su esposa, Dolores Ruiz Carrasco, y sus 9 hijos: José, Rafael, Miguel, Dolores, Fidela, Gabriel, Irene, Carmen y Ramón Jiménez Ruiz. Los mayores tenían 26 y 21 años, y los dos pequeños 6 y 4 años respectivamente.
Mercedes Laguna
Del libro Casas, tierras, industria de la comarca de Huéscar…

El cierre original se levantó sobre el balcón a finales del siglo XIX. Hoy está reformado.

Ramón Jiménez Ruiz
Uno de los hijos de Rafael Jiménez-Muñoz Ortiz y de Mª Dolores Ruiz Carrasco, Ramón Jiménez Ruiz, se casó con una señora de Castril: Angustias Muñoz González (hija de José María Muñoz Toral). Vivieron hasta 1908 en Castril. Hablaremos de este matrimonio cuando presentemos la llamada «Casa de las Niñas» de la Placeta de Maza.
Mientras, en esta casa nº 13 (hoy, nº 17), residieron el resto de los hermanos Jiménez Ruiz, hasta que se fueron casando. Excepto, José María Jiménez Ruiz, que fue farmacéutico y tuvo despacho de farmacia en la casa hasta 1935, y las hermanas Dolores e Irene, que también permanecieron solteras y que fueron llamadas «las Niñas». Más adelante, a sus sobrinas Lola y Matilde, las hijas de Ramón Jiménez Ruiz y Angustias Muñoz González, también las llamaron «las Niñas».
Del libro Casas, tierras, industria de la comarca de Huéscar…


José Mª Jiménez Muñoz, fallecido en 1935
Archivo de la familia Guerrero Jiménez
Un medicamento preparado por José Mª Su farmacia estaba en la calle Mayor, 13. Archivo de la familia Guerrero Jiménez

Rafael Jiménez Muñoz, médico en Castril
Rafael Jiménez Muñoz era uno de los hijos de Ramón Jiménez Ruiz y de Angustias Muñoz González. Contrajo matrimonio con Amparo Dueñas Guerrero (de quien hemos hablado en la entrada sobre la casa de la calle Carril, 17). Vivieron en Castril con sus cuatro hijas, hasta que -tras la guerra civil- Rafael compró a sus hermanos la parte correspondiente de su herencia y se trasladaron a Huéscar, para vivir en esta casa familiar.
Del libro Casas, tierras, industria de la comarca de Huéscar…



Rafael Jiménez Muñoz
Amparo Dueñas Jiménez


Las cuatro hijas de Amparo Dueñas y Rafael Jiménez Muñoz, y sus nietos
Desde 1940, el matrimonio de Amparo Dueñas y Rafael Muñoz, que había vivido en Castril desde 1913, fueron residentes de la casa desde 1940.








Del libro Casas, tierras, industria de la comarca de Huéscar…

Los propietarios actuales de la casa
La familia Díaz Jiménez, compuesta por José María Díaz Jiménez y Pilar Jiménez Portillo y sus hijos.
José María ha sido durante bastantes años médico cirujano en Melilla. En Huéscar, ahora, en el despacho de su abuelo, sigue teniendo su consulta.

José María Díaz Jiménez es hijo de Dolores Jiménez Dueñas y de Salvador Díaz Ruiz-Coello.
Nieto de Rafael Jiménez Muñoz y de Amparo Dueñas Guerrero.
Esta casa lleva 170 años siendo de los Jiménez Ortiz, primero, y después de los Jiménez Ruiz, y desde mi abuelo Rafael, de los Jiménez Muñoz .
Vivieron en ella mis abuelos y mis padres. Yo nací en ella y algunos de mis primos también. Tengo noticia de que fue sede del juzgado popular durante la guerra civil.
Tiene mucho valor para la familia, por la estructura arquitectónica y por su historia. Nos encanta que pueda ser un referente de los Dueñas y de los Jiménez Muñoz de la actualidad.
El cortijo de La Escopeta lo compramos a los herederos de Dolores Jiménez Portillo, y el de La Monja, a los de Francisca Portillo, que fueron los dueños del Hotel Málaga Palacio. En los dos casos, ahora la titular es Pilar Jiménez Portillo, con la que llevo 64 años felizmente casado.
José María Díaz Jiménez

Recuerdos de mi familia Jiménez Dueñas
Por Concha Guerrero Jiménez
Pertenezco a una de las últimas familias que llevan los dos apellidos, Jiménez Dueñas. Mi madre fue Carmen Jiménez Dueñas y mis abuelos, Rafael Jiménez Muñoz y Amparo Dueñas Guerrero. Desde siempre, esos dos apellidos juntos me parecieron muy sonoros y siempre me sentí satisfecha de pertenecer a esta familia.
Tengo muchos, bonitos y entrañables recuerdos de mis abuelos y algunas noticias de sus ascendientes. Con los años, esos recuerdos y noticias se han mantenido vivos en mi memoria y echo de menos no haber sabido más de mis antepasados. […]
Mi abuela Amparo murió con 66 años, en 1951. Yo tenía 5 años. A mi abuela la recuerdo sentada en una mesa camilla, junto al balcón que daba al jardín, dándonos de merendar o en el patio, cuidando sus hermosas y frondosas macetas, o trabajando con lana en una rueca. Siempre se dijo de ella que era muy guapa y que tenía un porte y elegancia especial. También se la consideraba muy piadosa y caritativa.
De mi abuelo Rafael sí que tengo más recuerdos y vivencias, y deseos sí que estoy segura de que son propios. Son el resultado de una larga y profunda convivencia, ya que murió en 1981, con 96 años, cuando yo tenía 35.
Mis abuelos se casaron en la primera década del siglo XX, y se establecieron en Castril, en la casa de sus padres, en el “Cantón”, […] Allí tuvieron 9 hijos, de los que llegaron a mayores solo cuatro. Vivieron la muerte de 5 de sus hijos. Tres de ellos varones, de 5, 7 y 11 años: Fernando, Rafael y Ramón. Murieron los tres en 15 días.
Cuando estalló la guerra estaban en Huéscar, pasando unos días con la madre de mi abuelo (Angustias), y ya no volvieron a Castril. Al terminar la guerra, se instalaron en la casa de la calle Mayor, n.º 13. Esta casa había sido de sus tías Irene y Dolores Jiménez Muñoz, llamadas “las Niñas”. La casa de la calle Mayor la heredó su hermano José María, y, al morir sin descendencia, pasó a mi abuelo Rafael.
Era una gran casa muy mejorada por mi abuelo, y que ahora, para el deleite de todos sus nietos, por el cuidado de mi primo José María Díaz Jiménez, se encuentra en perfecto estado, y la sentimos como algo nuestro. Esta casa se convirtió para todos, cuando mi abuelo vivía, en el eje de la vida familia, pues, desde que murió mi abuela, cada una de las hijas pasaba el invierno con él, por turnos. Y, por tanto, todos sus nietos.
Para el verano, tenía un cortijo, muy cerca de Huéscar. Era el llamado cortijo de las Niñas (el cortijo de San Rafael), que él heredó y acondicionó para pasar los veranos. Creo que todos los nietos guardamos un recuerdo extraordinario de esos veranos en el cortijo de San Rafael con mi abuelo. Nos permitió convivir entre nosotros y sobre todo compartir con él muchas vivencias. Siempre estaba presente, pendiente de todos y de todos. Y es que mi abuelo fue una persona extraordinaria, y dejó una huella impresionante. [..]
Concha Guerrero Jiménez
Publicado en el libro Casas, tierras, industria de la comarca de Huéscar…
