Un artículo de Lucas García Romero. Publicado en la Revista Velezana, nº 42, en 2024.

Porcuna era una finca en el término de Puebla de don Fadrique (Granada), donde pasábamos los esquilos, los veranos, donde se hacían los dulces de Navidad, un lugar de la sierra donde disfrutábamos jugando, bañándonos en las balsas…, en fin, un paraje que añoramos todos los descendientes de esos antepasados que quisieron y supieron conservar, a través de los siglos, por el cariño que le profesaron a sus raíces, a su tierra, a su hogar; en definitiva, era nuestro pequeño paraíso.
Hace mucho tiempo, cuando mis primos y yo éramos unos niños, oíamos hablar, asombrados, a nuestros mayores (abuelos y tíos abuelos). Entre sus conversaciones aparecía, de una manera recurrente, la historia que hablaba de la finca Porcuna, que heredaron de su abuela y que, según ellos, perteneció a un señor que era «caballero cubierto ante el rey», personaje legendario que fue dueño de otras muchas posesiones diseminadas por el noreste de la provincia de Granada y por la comarca de los Vélez. De igual forma lo habían oído mi madre, sus hermanas y sus primos, y con anterioridad, mi abuelo y sus seis hermanos. Nosotros veíamos este hecho como algo mítico y sin conocer de qué personaje se trataba, solo que era el marido de doña Manuela Rodríguez Narváez y Romero, tía carnal de nuestra tatarabuela Josefa Atienza Rodríguez, persona lejana en el tiempo a nosotros, pero de la que disponíamos alguna documentación.
Lucas García Romero.













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