UN VÍDEO sobre la conexión entre Enrique Enríquez y su palacio con la Iglesia y el convento de San Jerónimo en Baza. Notas sobre la conexión con Huéscar
El texto del audio recoge la investigaciones de Juan Manuel Segura Ferrer, tanto del artículo que añadimos abajo como en su Tesis Doctoral, de 2007, en la UGR.
Conjunto palaciego y conventual
Los Enríquez-Luna, la familia más poderosa de la ciudad y del norte del Reino de Granada, prestaron una particular atención a Baza, el centro de asentamiento familiar desde el que gobernaban sus extensos señoríos granadinos y almerienses, población en la que se instalaron y fundaron un gran mayorazgo, urbe dónde levantaron un hospital y promovieron la fundación de tres importantes centros monacales, destacando el de San Jerónimo junto a su residencia palacial, lugar dónde ubicaron el panteón de los fundadores. Desde finales de la Edad Media, siempre a partir de las formas ensayadas por la corona, la nobleza encontró en lo funerario un conjunto de manifestaciones propicias para proyectar la memoria del finado y reforzar la imagen del linaje.
El monasterio formaba parte de un proyecto más ambicioso que tenía como objetivo construir un conjunto palaciego y conventual anexo, emulando los idearios arquitectónicos ya implantados en destacados focos cortesanos. Como era habitual en las residencias de la alta nobleza, a imitación de la casa real, se estableció un pasadizo que comunicaba con una tribuna situada en el templo conventual desde donde los fundadores visualizaban ampliamente el presbiterio y presenciaban los actos religiosos desde un lugar privilegiado.
El primer tercio del siglo XVI fue el escenario de un momento artístico marcado por unas tendencias arquitectónicas en las que se observa un diálogo entre los últimos coletazos del gótico y el incipiente repertorio decorativo renacentista basado en el mundo romano importado de Italia.
Juan Manuel Segura Ferrer (en el artículo que vinculamos abajo).
