Publicado en 2023, en el Boletín del Centro de Estudios Pedro Suárez, nº 36.
LOS MIRANDA Y LA CASA PRINCIPAL DE SU MAYORAZGO EN BAZA (SIGLOS XVI-XX). Un artículo de Juan Manuel Segura Ferrer y César Valero Segura. Publicado en el Boletín del Centro de Estudios Pedro Suárez, 36, 2023, pp. 279-315.
1. Resumen
La casa del mayorazgo de los Miranda, construcción de los siglos XVI-XVII con remodelaciones en el tránsito del Ochocientos al Novecientos, está catalogada en el PGOU de Baza (2010) como inmueble de valor singular por sus valores arquitectónicos, por su patio y por su fachada principal con portada de cantería coronada por el escudo familiar. Como paso previo a su estudio esbozaremos una biografía de los Miranda, desde su llegada a la ciudad a principios del siglo XVII hasta principios del siglo XX, momento en el que se pierde toda relación entre la casa y la familia, tras su venta en 1909.
Palabras clave:
Arquitectura civil | Familia | Comerciantes de paños | Espacio doméstico | Élite local
2. Introducción
Prácticamente todos los comitentes de la arquitectura civil bastetana localizados en el siglo XVII pertenecían a la élite local: nobleza, burguesía y representantes del sector liberal. En muchos casos los proyectos arquitectónicos de ámbito civil privado de este periodo se ciñeron a consideraciones de tipo práctico, tratándose de reedificaciones, de remodelaciones de construcciones levantadas con anterioridad, sobre todo en el siglo XVI1. Hubo sus excepciones, caso del palacio del regidor Antonio de la Plaza, levantado en el primer tercio del Seiscientos (Segura & Valero, 2018-2019: 455-482).
Con estas intervenciones la nueva jerarquía bastetana buscaba viviendas dignas donde poder residir cómodamente que además fuesen instrumento de propaganda y afirmación de su estatus, capaces de llamar la atención a través de sus fachadas y de los escudos colocados en las mismas, la rúbrica de los nuevos hidalgos asentados en la ciudad.
La casa principal de un mayorazgo era uno de los elementos fundamentales de las propiedades de la nobleza, convirtiéndose en su carta de presentación ante el pueblo, en el eje de sus posesiones. La identificación entre casa y familia era total.
LOS MIRANDA EN LA EDAD MODERNA
Los Miranda ejemplifican el triunfo de los mercaderes de origen hidalgo en la Baza de la Edad Moderna. Posiblemente llegaron a nuestra ciudad atraídos por su pujanza económica, capital del partido más extenso de Andalucía oriental, y por su destacado papel en el camino de Levante, el que comunicaba esta parte de Andalucía con los reinos levantinos.
Comenzaremos con Pedro de Miranda, ilustre caballero que fundó la saga y el mayorazgo, en el que su casa principal, la que veremos en este artículo, se convertirá en su elemento patrimonial más visible ante el pueblo. Igualmente esbozaremos el recorrido de este linaje bastetano, un total de diez generaciones, desde el primer tercio del Seiscientos hasta la primera década del Novecientos.
Historia de la familia
| Los Miranda en la Edad Moderna. |
| Los Miranda bastetanos. |
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Nota: las notas a pie de página del texto se pueden leer en el artículo completo.
Descripción de la casa
3. La casa principal del Mayorazgo
La identificación entre casa y familia se perpetúa en la Edad Moderna mediante la fundación de mayorazgos, vinculando las residencias principales de las élites a los varones primogénitos de cada generación, sin posibilidad de enajenarlas.
El 10 de julio de 1636 Pedro de Miranda, el fundador de la dinastía, compraba una de las residencias principales de María de Segura Bocanegra, mujer del regidor Pedro Cabrera y Videra. La vivienda la había heredado de su tía Isabel de Segura Bocanegra73, integrante de una de las sagas más relevantes de la Baza de la Edad Moderna.
Entre los caballeros que se asentaron en la ciudad tras la Reconquista estaba Gonzalo de Segura, casado con una bastetana convertida al cristianismo, Isabel de Bocanegra74. Este matrimonio tenía su casa principal en la calle de la Alhóndiga (Tristán, 2001: 59), posiblemente la que estamos viendo en este artículo.
Para entender la historia de esta construcción hay que tener en cuenta varios datos cruciales, los del inmueble existente en 1636 (columnas, cubiertas de algunas dependencias…) y los de las intervenciones realizadas en el siglo XVII por los patriarcas de las dos primeras generaciones de los Miranda, quienes le confirieron el aspecto definitivo que tendrá hasta finales del siglos XIX o principios del XX, momento en el que sufrirá importantes modificaciones.
Planta
Esta notable edificación se sitúa en una de las vías más destacadas de la ciudad en la Edad Moderna y Contemporánea, en la calle Alhóndiga, la arteria principal de la Almedina, donde se ubicaban, una tras otra, residencias de la élite local, tanto a nivel civil como religioso (Tristán, 2001: 59).
El inmueble, de 512 metros cuadrados, posiblemente conserve la planta de la casa que creemos que fue de los Segura Bocanegra. Son escasos los datos hallados sobre la primitiva construcción por lo que nos movemos en el terreno de la hipótesis. Para su estudio utilizaremos la ficha del catálogo del PGOU de Baza (planos y fotografías del patio)75 dado que no hemos podido acceder a su interior.
Presenta planta cuadrangular con patio central cuadrado porticado en sus cuatro lados76, eje ordenador del espacio doméstico rodeado por dos cuerpos superpuestos de habitaciones hacia el interior y exterior, habiéndole añadido, con posterioridad, un tercer cuerpo en la crujía asomada al jardín77. Para una visualización de la planta, y posteriormente de la fachada, les presentamos los dibujos que aparecen en el catálogo del PGOU de 201078.
El jardín-huerto debió aumentar en extensión en el siglo XVIII cuando Juan Antonio de Miranda compró, en 1735, a su excuñada Josefa Carrillo de Albornoz, un solar que se transformaría en huerto, situado entre su casa-jardín y el callejón de Serrano79.
Fachadas
El edificio se proyecta externamente a través de cuatro fachadas. La principal, asomada a la calle Alhóndiga, es una obra de cierta categoría a nivel compositivo, concentrándose en ella gran parte del interés del exterior del inmueble. Las laterales destacan por una gran planitud, sobriedad y ordenación irregular de vanos y la que mira al jardín está perfectamente fajada en ejes verticales y horizontales.
La fachada norte, abierta a una plazoleta cegada y sin nombre80, presenta dos cuerpos a los que hay que sumarle una semiplanta, a modo de solana de escasa altura, obra posterior, resultado de la nivelación de esta ala con la cubierta del salón principal, situado en la confluencia de esta placeta y la calle Alhóndiga81.
Un tercio de la fachada sur, la asomada a un callejón estrecho sin nombre, sobresale de la línea marcada, tanto en planta como en altura, al formar parte de una remodelación importante realizada en la crujía orientada al jardín. En la planta baja varios vanos cegados y en la superior dos ventanas enrejadas de formato vertical, sobresaliendo del muro mediante un pequeño vuelo82.
La fachada de levante, la que mira al jardín, presenta un quiebro a la línea recta, al adelantarse el muro en sus flancos sur y este, fruto probable de una remodelación (y quizás ampliación) del siglo XX. Está estructurada en tres plantas
y tres ejes verticales, presentando un revestimiento que parece haber quedado a medias83. Los vanos, de diversos formatos (y tamaños), están recercados con molduras muy planas. Corona esta fachada un alero de madera, muy diferente al resto del inmueble. Llama la atención el balcón de grandes dimensiones, desconociéndose si esta fue su primera ubicación o es un elemento de acarreo, de otra parte del inmueble, quizás del salón principal, sito en la fachada asomada a la calle Alhóndiga84.
Fachada principal
Presenta los elementos más representativos del exterior de este inmueble, con ciertos toques de distinción y proyección señorial, limitando la ornamentación a la portada con escudo y a la rejería.
Fachada de gran planitud, cuyo paramento produce un ligero quiebro a la línea recta, al tener que adaptarse al trazado marcado por la calle85. Conserva de la arquitectura tradicional la indiferenciación de las plantas con molduras de imposta (la existente parece posterior) y el recorte de vanos limpiamente sobre el muro, sin recerco alguno. Aunque tiende a una disposición compensada y equilibrada de huecos y macizos en torno a la portada, no lo consigue. Presenta dos cuerpos, con cinco vanos en la planta baja y tres en la superior.

La calle central de la planta baja, algo desplazada con respecto al centro de la fachada, queda resaltada con la portada de piedra, eje de simetría que reparte a uno y otro lado el mismo número de vanos, desconociéndose hoy en día si estos se corresponden con los originales del inmueble, alargados hasta el nivel del suelo cuando esta parte de la casa se transformó en sede de varios establecimientos comerciales. La planta noble cuenta con un balcón a la izquierda del escudo y dos ventanas enrejadas a la derecha, todos ellos en eje con los vanos de la planta baja86.
La configuración de esta fachada debió ultimarse tras la compra del inmueble en la década de 1630 o de 1670, con la introducción de varios elementos que la ennoblecieron, la portada y el escudo, rasgo de distinción y nobleza de la nueva familia propietaria.
Algunas de estas intervenciones debieron realizarse en la década de los setenta, siendo el patriarca de la familia durante este periodo Miguel de Miranda. En 1673, en uno de sus primeros testamentos87, dicho caballero no menciona obra alguna pero en otro posterior, otorgado en 1680, asegura haber gastado en la casa principal más de 500 ducados en varias intervenciones, señalando entre ellas, un balcón de hierro88.


Portada
Contrastando con la desnudez de la fachada destaca la concentración ornamental en el acceso al inmueble, a través de una portada de piedra coronada por un escudo de mármol, convirtiéndose estos en los elementos más destacados de la misma, en sus protagonistas.
Una sencilla portada adintelada y almohadillada virando hacia el clasicismo de evidentes ecos italianos, con presencia aplastante de un geometrismo plano de cuño manierista. Presenta jambas configuradas por sillares almohadillados ligados (dispuestos a soga y tizón) y dintel con dovelas radiales. Queda coronada por una cornisa simple.
Sigue la variante de una tipología habitual en la arquitectura civil granadina del último tercio del Quinientos, influenciada por las obras de Pedro Machuca en la Alhambra y las de la portada de la cárcel granadina.
Desconocemos si esa tipología comenzó a usarse en el último tercio del siglo XVI o a principios del siglo XVII. Uno de los primemos ejemplos pudo ser el de la portada de la casa de Salvador Vázquez, levantada en 1606 por el cantero Jusepe de Prados89.
Parece que este diseño apenas tuvo repercusión, volviendo a incorporarse en la arquitectura local en el siglo XX, en Villa Manuela, ubicada en la avenida José de Mora número 9, y en la portada principal de los Juzgados, sita en la avenida de Granada, s/n.
La puerta de madera, de dos hojas, destaca por una elegante clavazón y sencillas alguazas, uno de los escasos ejemplares de la Edad Moderna que han sobrevivido en la urbe (Lám. 6). Cada uno de los clavos, placas romboidales de bordes festonados, están atravesados, en su parte central, por un botón cuadrangular en torno a cuatro semiesferas dispuestas romboidalmente, recordando a los clavos de la puerta de la iglesia conventual de Santo Domingo (siglo XVII)90.

Mención especial merece el escudo de mármol que hay sobre la portada, un ejemplo de los cambios heráldicos que tienen lugar en la Edad Moderna. El uso de armerías, derecho exclusivo de los nobles, era la forma más fácil de transmitir a la ciudadanía que se poseía ese estatus, una firma de su hidalguía ante el pueblo.
Esta pieza se convierte en uno de los elementos protagonistas de la fachada y resume la trayectoria familiar e histórica de los Miranda en el siglo XVII, la unión de esta estirpe con otras, lo que hizo preciso una combinación de las armerías de los linajes más relevantes con las que había emparentado. Se resolvió recurriendo a la segmentación heráldica, en este caso a través de un escudo medio partido y cortado91.
En primer lugar, a la izquierda, dos ramas de higuera con cuatro y tres hojas configuradas por tres lóbulos, con sus respectivos nervios. Se corresponden con el segundo apellido del fundador del mayorazgo, Figueredo. Un apellido de origen toponímico, procedente de aquellos lugares, que en Portugal y España (especialmente en Galicia) se llaman figueredos, es decir, terrenos donde abundan las higueras.
En segundo lugar, a la derecha, las armas más generalizas del apellido Miranda, las que aluden al hecho de las cinco doncellas liberadas por el asturiano Alvar Fernández de Miranda, caballero que gozó de la confianza del rey Ramiro I de Asturias (siglo IX). Cinco bustos de doncellas vestidas, no al natural como era lo habitual92.
En último lugar, en la parte baja, en la punta, tres calderos, elemento usual en las armas de algunas familias de la nobleza española. Para muchos especialistas estos significaban, desde el inicio de la heráldica, que su poseedor contaba con abundancia de dinero93.Tan sólo hemos localizado a un Miranda avecindado en Tudela (Navarra) con calderos en sus armas (García, 1956: 130-155). Estos elementos habían quedado ligados a los escudos de familias tan arraigadas y linajudas como los Guzmán. Aunque no hemos podido establecer una vinculación evidente de los calderos con esta estirpe, no debemos olvidar que los Marín de Tovar, linaje de la esposa de Miguel de Miranda, tenían entre sus antecesores a Magdalena de Guzmán94.

En cuanto a los elementos externos deben señalarse los atributos nobiliarios, un casco de perfil, mirando a la izquierda, con penacho de plumas y aquellos que nada tienen que ver con la nobleza, una especie de orla decorativa que lo envuelve y un mascarón en su parte inferior95.
El escudo está enmarcado por una línea, de tramos rectos y curvos, cuyas terminaciones se enrollan a modo de volutas en la parte superior, en los laterales y en el extremo inferior, ubicando en estos dos últimos puntos elementos animados. En los laterales, dos figuras híbridas, semihumanas y vegetalizadas, a modo de tenantes. Sus cabezas, de perfil, presentan un corte de pelo que debe corresponderse con la moda del momento de esculpir esta singular pieza96. Como fue usual, por debajo de la punta, una cara deforme o fantástica usada habitualmente desde el Renacimiento97.
En cuanto a la ejecución de la portada y el escudo nada hemos podido documentar. Tan sólo señalamos a varios canteros deambulando por la ciudad entre finales de la década de los treinta y la de los ochenta, intervalo en el que creemos que se ejecutaron ambos elementos arquitectónicos. En el primer lugar, cabe mencionar a la saga de los Tijeras, asentada en Macael (Almería), muy conocida y reclamada en el arte de labrar el mármol tanto en el reino de Murcia como en el de Granada. Igualmente, debe señalarse a los canteros que trabajaron para el claustro de San Francisco en las décadas centrales del siglo, caso de Juan Gutiérrez de Escobar y a los que levantaron el claustro de Santo Domingo en la década de 1680, Martín de Palacio y su cuadrilla.
Rejería
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Interior de la casa
El interior de esta casa señorial está muy transformado. Todo el espacio habitable está organizado en torno a un patio central casi cuadrado alrededor del cual se distribuían, en su construcción original, dos cuerpos hacia la calle y hacia el interior100. Como consecuencia de las remodelaciones sufridas en el último tercio del siglo XIX, o principios del XX, se construyó una segunda planta en los flancos de levante y norte. De este periodo deben ser los sellados de las cubiertas de las distintas estancias, la transformación de los corredores –cerrándolos con carpinterías y barandillas de hierro– y el levantamiento y revestimiento de la fachada asomada al jardín.
Patio
El patio constituye el eje vital de la casa, el elemento organizador del espacio interno alrededor del cual se distribuyen las dependencias de ambas plantas. Paso obligado de residentes e invitados al situarse la escalera de acceso a la planta principal al fondo del mismo.
Un patio adintelado, porticado en sus cuatro lados, forma un peristilo abierto en la planta baja y superior, muy remodelada esta última a finales del XIX o principios del XX. Los corredores de la primera planta se apoyan en cuatro columnas de mármol blanco de Macael en las esquinas.
Los capiteles siguen los modelos denominados de “moñas” o de “castañuelas”, propios del primer Renacimiento, muy frecuentes en la arquitectura civil bastetana del siglo XVI, una estilización del capitel compuesto clásico. Están configurados por cuatro planas y finas hojas que recorren el capitel de abajo arriba y sobre estas, otras cuatro que se sobreponen a las anteriores cubriéndolas en dos tercios de su extensión. Sobre las terminaciones de las hojas brotan ocho juegos de caulículos que van arrollándose en forma de doble rizo, cuatro en las esquinas bajo el ábaco, dejando caer bajo ellos una hoja apuntada y los otros cuatro en el centro del capitel, sobre los que pende una hoja trilobulada101.
Las columnas, probablemente las de la casa de los Segura Bocanegra, apean el peso de cuatro grandes vigas de madera, dispuestas sobre zapatas con perfil de “eses” tendidas y sin decoración102, un diseño relacionado con el mundo del Renacimiento. Las vigas se prolongan transversalmente en cada una de las galerías que circundan el patio y se incrustan en los muros perimetrales.

El 7 de enero de 1639 Pedro de Miranda contrataba con Juan Boyer, maderero, varias piezas para las obras de su casa, quizás las relacionadas con la remodelación de este patio. Las maderas habían de estar labradas y entregadas en el plazo de dos meses a partir de la contrata. Una apreciación, varios datos presentes en la escritura nos crean dudas, al afirmarse que el contratante es vecino de Granada y al no especificar la ubicación de la casa donde habían de ir las piezas103.
En primer lugar, Boyer había de labrar cuatro vigas de tercia y cuarto de tercia. Dos de ellas habían de tener el largo de veinticuatro pies y medio y las otras dos de veintidós pies104. Estas piezas podrían corresponderse con las vigas de gran tamaño que recorren los cuatro lados del patio, con poca diferencia en su longitud, entre las de los flancos norte/sur y las de levante/poniente. Igualmente el maderero había de labrar las alfarjías que fuesen necesarias, de sesenta y cuatro pies de largo. De no corresponderse estas piezas a la remodelación del patio, deben pertenecer a una estancia de una de las alas del inmueble.
En la contrata se señalaban las balaustradas –denominadas aquí verjas– de los corredores del patio. Se pedían cincuenta balaustres con cuatro dedos de grueso cada uno y cinco pies de alto105.
Por último, debemos mencionar que había de presentar cuatro tablas, que a modo de molduras, debían ir por debajo de las bovedillas con el objeto de tapar los huecos, quizás los de las cubiertas de los corredores (o de una estancia)106. Dos de ellas debían contar con catorce pies de largo y las otras dos con siete. Todas las piezas contratadas iban destinadas a una planta baja, especificando en el contrato que habría de hacer lo mismo para la segunda planta.

Galería
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del siglo XIX o principios del XX. Fotografía de PGOU de Baza (2010).
Salón principal
Mención aparte, por su belleza y notable impronta, debió presentar la armadura que probablemente cubría el salón noble. Habitualmente era la estancia más sobresaliente de una casa señorial y solía disponerse en el primer piso, sobre el zaguán, ocupando gran parte de la crujía delantera, en paralelo a la fachada principal.
La mayoría de los historiadores, caso de Vicente Lampérez, identifican esta estancia durante toda la Edad Moderna como la sala más importante y decorada de la casa, un espacio de usos múltiples, utilizada como escenario para acontecimientos sociales y familiares, sirviendo de salón de banquetes, visitas, recepciones, etcétera (Lampérez, 1922: 383).
Hoy es un salón sin ningún elemento arquitectónico a destacar aunque la gran altura de sus muros y cubierta con respecto a las demás dependencias de esta planta, nos hacen pensar que bajo el techo plano de cañizo se oculta una armadura del siglo XVI o XVII, estructura de cerramiento habitual en espacios rectangulares, proporcionando estabilidad y resistencia.
La armadura que debió cubrir el salón principal pudo ser una muestra destacada de la carpintería mudéjar, la de la casa de los Segura Bocanegra, u otra con un carácter más clásico levantada por Pedro de Miranda, a finales de la década de los años treinta o principios de los cuarenta110. Futuras investigaciones, y unas buenas catas, aportarán más información.
El paramento de poniente del salón noble presenta cierto desnivel (o desplome), consecuencia de los problemas que tuvo el inmueble durante la Edad Moderna y Contemporánea. Así, el 6 de marzo de 1721 Juan de Miranda pedía licencia para sacar piedra del recinto amurallado de la Alcazaba para reedificar su casa pues estaba arruinándose111. A finales del siglo XIX el inmueble volvía a tener problemas, consecuencia de las filtraciones de agua en los cimientos, hecho comentado en el epígrafe dedicado a Encarnación de la Rosa.
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Vídeo de la casa de los Miranda, en la calle Alhóndiga de Baza (producido por el equipo de CALLE MAYOR DIGITAL. Canal de la Revista DE Lectio.
