Mª Dolores Iriarte. «Paquita Bustos, nuestra madre»

Paquita Bustos, nuestra madre

Mª Dolores, Mª Carmen y Paco Iriarte Bustos

 

Agradecimientos

Gracias al CEP de Baza por haber promovido este Acto en conmemoración de nuestra madre. Gracias a Mercedes Laguna por la dedicación atención y cariño que ha puesto en su organización, de ella partió la iniciativa y ha sido su principal artífice.

Gracias a todos los que habéis compartido el recuerdo de nuestra madre, contribuyendo a que siga viva en nuestra memoria y nuestros corazones. Gracias a todos los presentes por estar hoy aquí.

En vida de nuestra madre, el Ayuntamiento de Huéscar la nombró hija predilecta en el año 2001. Fue para ella un honor inesperado que recibió con alegría, una muestra de gratitud y reconocimiento por su labor educativa.

Hoy la conmemoramos para celebrar a las mujeres que con su esfuerzo, ánimo y entrega han iluminado nuestras vidas haciendo del mundo un lugar mejor.

 

La parábola de los talentos. Sus padres

Voy a comenzar recordando la parábola de los talentos, a la que nuestra madre hacía referencia con cierta frecuencia y que los que habéis sido alumnos suyos a lo mejor se la escuchasteis. Esta parábola viene a decir que nuestro deber es ejercitar nuestras capacidades, nuestros talentos, en las circunstancias que nos haya tocado vivir, para hacerlas crecer y que den fruto. Los talentos con los que mi madre vino al mundo fueron inteligencia, salud y el haber nacido en una familia inusual para la época.

Su padre un hombre lúcido, recto, con carácter, adelantado a su tiempo y comprometido con él, un libre pensador como se decía entonces. Su madre una mujer inteligente, buena, muy religiosa y con una mentalidad abierta e independiente. Ambos honestos, trabajadores y aunque en apariencia muy diferentes se respetaron y apoyaron durante toda su vida y estuvieron de acuerdo en la forma de educar a sus hijos.

Esta parábola aúna el talante comprometido y progresista de nuestro abuelo con el espíritu religioso de nuestra abuela, quizá por eso caló tan hondo en nuestra madre, orientando su vida diaria, su actividad docente e impulsando su compromiso ético con la enseñanza. Nuestra madre era consciente del privilegio que había tenido de poder estudiar, consideraba que había sido un bien para ella y creía que era justo que otros también tuviesen acceso a él, por lo que no dudó en tratar de conseguir mejoras en la enseñanza pública para la zona.

Queremos señalar que junto a este compromiso ético de hacer todo lo posible para contribuir al bien común, habitaba en ella un profundo espíritu religioso, un sentido trascendente de la vida, por lo que, además de aplicarse con voluntad a las tareas que emprendía, haciendo todo lo que estaba en sus manos, siempre imploraba la luz, la gracia, la inspiración pues sabía que estos son dones que solo cabe desearlos ya que están fuera del alcance de nuestra voluntad.

La relación con nuestro padre

También nos gustaría recordar a nuestro padre, gracias a él nuestra madre pudo desarrollar una actividad intensa fuera de la familia, pues siempre contó con su apoyo incondicional. Nuestro padre fue para ella un interlocutor atento con el que comentaba las incidencias diarias, un compañero con el que compartió las tareas familiares y las relativas a la farmacia y un cómplice que la ayudó a cumplir sus compromisos con la enseñanza, acompañándola cuando tenía que trasladarse para hacer gestiones y asumiendo con naturalidad tareas domésticas cuando era necesario. Nuestro padre tenía buen carácter, era muy trabajador y honesto, se admiraban mutuamente.

Su vocación docente

50 años dedicados a la enseñanza son una buena muestra de que amaba esta profesión. El que haya alumnos que la recuerden y que reconozcan que les abrió la puerta del estudio, que los alentó en su esfuerzo y que sea una referencia en su vida es también otra muestra de la generosidad y entusiasmo con los que se entregó a la tarea docente. Nosotros nunca la oímos quejarse y si alguna vez le flaqueó el ánimo, su sentido del deber le hacía cumplir rigurosamente sus obligaciones.

Enseñar era para ella una tarea que la revitalizaba, le daba qué pensar, la hacía sentirse útil. La desempeñaba con alegría. Por propia experiencia sabía que el esfuerzo continuado, la atención persistente, la perseverancia en el estudio dan siempre su fruto. A corto plazo puede manifestarse en la comprensión de un problema de matemáticas, en el descubrimiento de una solución, y aunque a veces esto no se logre, el ejercicio de la atención siempre tiene una influencia positiva en la formación de niños y jóvenes y dará su fruto, aunque sea tardíamente. Estar atentos era esencial para ella, “No os quiero en clase de cuerpo presente”, solía decir.

Pero este esfuerzo de atención que consiste en apartar de nuestra mente preocupaciones o distracciones para dejarla abierta y disponible al objeto de estudio requiere un ánimo tranquilo y alegre, por eso no era partidaria de los castigos ni de los métodos basados en “la letra con sangre entra”. Tampoco de muchos exámenes y controles, sino del trabajo atento del día a día. Tenía fe en esta práctica y como maestra trató de trasmitirla a sus alumnos y a nosotros, sus hijos, que también fuimos sus alumnos.

Por último, recordar

Su buena memoria. En el tiempo que fue directora del colegio Natalio Rivas, conoció a casi todas las familias de Huéscar y se sabía el nombre y los apellidos de cada una de las 300 niñas que entonces tenía el colegio.

Aunque imponía respeto, quizás por su clarividencia y rectitud, también era accesible y escuchaba a todos los que se acercaban a ella para hacerle una pregunta, pedirle consejo o para contarle su vida. Le gustaba conversar y no dejaba pasar las ocasiones que se le presentaban de hacerlo ya fuera con niños, jóvenes o mayores. 

Tenía gran capacidad de trabajo. Mi tía Mercedes de Abajo, con la que compartió la experiencia desde los inicios del CLA, pasando por la Sección Delegada hasta llegar al Instituto, me decía este verano que era incansable, quizás el entusiasmo con que trabajaba la hacía resistente al cansancio. (Quiero hacer notar que la implicación de mi tía Mercedes   fue decisiva para la concesión del CLA pues se requería la presencia de un Licenciado en Letras y otro en Ciencias y en aquel momento era la única Licenciada en Letras del pueblo).  El entusiasmo de nuestra madre hizo que otros muchos se unieran al proyecto de traer la Enseñanza Media a Huéscar y de hacerlo realidad, como es el caso de la profesora Soledad Álvarez que hoy nos acompaña.

Era valiente y no se rendía con facilidad. Fue una luchadora sin renunciar por ello a su condición de mujer: no solo por desempeñar las tareas y labores de las mujeres de su tiempo sino porque aportó su visión de mujer a las tareas públicas que asumió.

 

Publicado en Minerva. Revista de Educación, número 5

Vuelta a Huéscar, 1944. Maestra y farmacéutica

Vuelta a Huéscar, 1944. Maestra y farmacéutica

Su hermana, Carmen Bustos, dos años mayor que ella. Había estudiado Farmacia y Magisterio. Esta es su clase de niñas, en 1935.

En julio de 1944 fallece su hermana Carmen, que era maestra en las Escuelas Graduadas de la calle Nueva y la titular de la Farmacia de la calle Comercio.

Vida universitaria en Granada, 1929-1934

Vida universitaria en Granada, 1929-1934

Familia y vida universitaria

       La entrada y la estancia en la Universidad de los hijos supuso un esfuerzo para toda la familia. El padre permaneció en Huéscar, en su puesto de médico y la madre y los tres hijos se instalaron en Granada durante los estudios universitarios de los hijos, desde 1929 a 1934. En estos años, Paquita estudió Químicas, Farmacia, Magisterio y los cursos de Exactas que por entonces se impartían en Granada. Su hermana estudió Farmacia y Magisterio. Ambas hicieron las oposiciones de Magisterio y obtuvieron plaza en 1934, Paquita en Baza y su hermana Carmen en Huéscar. Aunque Paquita pide una excedencia y comienza a impartir Historia Natural (Ciencias Naturales) y Matemáticas en distintos centros de la región de Murcia.

      Desde 1934, año en que comienza a trabajar en la enseñanza, la tarea docente la acompañó durante toda su vida y se entregó a ella con entusiasmo durante sus cincuenta años de vida activa. 

 

 

 

 

 

 

 

Titulaciones obtenidas:

Título de Magisterio. 1931. Premio Extraordinario. (Certificado por el Rey Alfonso XIII).

 

Título de Química. 1934. Sobresaliente. (Certificado por el Presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora).

Título de Farmacia. 1935. (Certificado por el Presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora).

Dos cursos de Ciencias exactas. 1933-1934.