Título del artículo
LOS ACCESOS A LA MEDINA DE BAZA: PUERTAS, CAPILLAS Y PILARES (SS. XV-XX)
Autores:
Juan Manuel SEGURA FERRER y César VALERO SEGURA
Publicado en la Revista Péndulo:
| Péndulo. Papeles de Bastitania. ISSN 1138-686-x. N.. 25 (2024) pp. 67-98 |
Resumen
Las puertas de la medina de Baza, y el entorno de las mismas, se caracterizaron a lo largo de la Edad Moderna y parte de la Contemporánea, por la presencia de capillas y pilares, configurando los elementos arquitectónicos más relevantes del aspecto externo de las entradas al recinto amurallado del centro urbano. La tipología de estas construcciones fue variada, desde las que presentaban cierta monumentalidad hasta las que ofrecían un aspecto más sencillo, modesto.
Palabras clave: Baza, Siglos XV-XX, Arquitectura civil y religiosa, Puertas, Capillas, Pilares, Cabildo civil, Cabildo eclesiástico, Francisco de Ortigosa, Melchor Gallego, Canteros, Albañiles, Carpinteros, Jusepe Díaz, Jusepe de Prados, Damián Pla, Alonso Millán, Alonso de Medina, Sebastián Muñoz, Pedro Díaz, Juan Martínez.
Introducción
En el urbanismo musulmán las puertas, consideradas como «el vestíbulo de la ciudad dónde se recibe al visitante»1, tenían un importante valor funcional y simbólico. Eran pasos de entrada y salida al corazón de la urbe, puntos estratégicos y obligados hacía el centro político (casas del cabildo) y religioso (iglesia colegial, seminario), lugares privilegiados para instalar en ellos capillas bajo distintas advocaciones, sacralizando de esta forma uno de los lugares en los que aún quedaban vestigios de la anterior cultura y religión.
Con la Contrarreforma, y su actitud propagandística, aumentó la expansión de capillas callejeras, al considerar adecuado y recomendable el culto a las imágenes en cualquier lugar, impregnándolo de su valor didáctico y pedagógico. Así, los ciudadanos, al entrar y salir del centro urbano no dejarían de ver símbolos religiosos que les recordarían que estaban ante una urbe dominada por la cristiandad.
Este conjunto de construcciones jugaron un papel especialmente importante en la sacralización de la urbe, haciendo de la calle un recinto religioso. Desempeñaban una función cotidiana, de segunda parroquia, acercando las devociones a los ciudadanos. Su presencia estuvo justificada como veladoras y protectoras de los quehaceres cotidianos y contra las fuerzas del mal.
Los límites de la medina, marcados por las puertas, mantuvieron hasta el siglo XVIII el aspecto defensivo de una población fortificada unido a una nueva función de carácter religioso. Eran, junto a las murallas y el entorno inmediato (pilares, fuentes) el primer contacto visual que el viajero tenía del centro urbano, de ahí su interés por su adecuado mantenimiento y por su aspecto estético.
Tras la conquista, las puertas habían perdido su uso militar, convirtiéndose en espacios apropiados para instalar capillas bajo distintas advocaciones2. Cuatro fueron las puertas que tuvo la medina de Baza desde la Reconquista hasta el siglo XVIII3. Su renovación en la Edad Moderna siguió la idea renacentista de embellecer la imagen externa de las urbes.
Desde el punto de vista arquitectónico apuntar que nos encontramos con tres tipologías de capillas. Destacamos las construidas bajo el arco de acceso, caso de la Magdalena, las adosadas a una de las torres que configuraban las puertas, caso de San José y terminamos con las que intuimos que ocuparan el espacio interior de una de las torres que configuraban las puertas, caso de la Cabeza y la Encarnación, hecho que futuras investigaciones irán completando4.
En su mayoría debieron ser modestos recintos religiosos en cuyo interior se disponía un espacio para el altar y el oficiante. Una excepción es la capilla de San José, la de mayor extensión, construida desde los cimientos5.
Una imagen notable en la escena urbana la tuvieron las capillas cobijadas bajo los arcos de las puertas, caso de la Magdalena. Abierta a la vía pública, a la placeta homónima, contando con una balconada o tribuna asomada a este espacio público. Externamente, los flancos laterales siguieron, y siguen, conservando su aspecto de simples torreones que evidenciaban la función original de defensa de los límites de la medina mientras que la parte central, la situada bajo el arco, fue un espacio de devoción que albergó, junto a la imagen de la titular, todo el patrimonio mueble necesario para dar misa, espacio demolido en 1887.
La mayoría de las capillas presentes durante el periodo histórico que estamos analizando, se construyeron en el primer tercio del siglo XVII, coincidiendo con un gran proceso de renovación arquitectónica de la ciudad, especialmente en el ámbito religioso. Sustituían a otras bajo la misma, o distinta, advocación, que se habían desplomado tras el terremoto de 1531 o que estaban faltas de una buena intervención por el paso del tiempo y probablemente por falta de mantenimiento.
La primera en ponerse en funcionamiento fue la de la Cabeza, en 1555. Más que una capilla, en un primer momento debió tratarse de la colocación de la imagen de la Virgen en una pequeña hornacina abierta en la puerta del sureste de la medina.
El resto se levantaron en el Setecientos. La de la Magdalena en 1606, la de San José en 1611 y la de la Encarnación quizás en 1617, junto la construcción de la nueva puerta homónima6.
Notas de la introducción:
2. Denominadas en algunas ocasiones tribunas o ermitas. 3. Eso parecen indicar los estudios publicados hasta el momento. 4. Futuras investigaciones irán confirmando o desechando estas hipótesis. 5. Eso parece indicar la documentación consultada. 6. No se ha documentado hasta el momento si se levantó la capilla en el momento de remodelar o construir esta puerta o se mantuvo tal y como estaba, quizás dentro de una de las torres que configuraba la puerta.
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Desaparición de la muralla y de las puertas de la medina
El paso del tiempo, la fragilidad de los materiales de la muralla (principalmente tapial) y la falta de mantenimiento, favorecieron el deterioro continuado de todo el recinto: muralla, torres y puertas. Los problemas debieron acentuarse tras los movimientos sísmicos habituales en nuestra zona, especialmente significativo fue el de 1531 y en menor medida el de Lisboa, en 1755, desconociéndose hoy en día lo que este último pudiese afectar, pudiendo ser uno de los principales responsables de los hundimientos de las décadas siguientes’.
Nos centraremos en el siglo XVIII, momento en el que se generalizaron los desplomes de parte importante de las murallas y en especial las puertas de la medina.
El 17 de marzo de 1765 se informaba en el Ayuntamiento que la muralla y torre llamada de Nuestra Señora de la Cabeza acababa de hundirse y el resto amenazaba ruina. En términos semejantes, con problemas de inestabilidad, se encontraba la muralla existente junto a la puerta de la Magdalena‘.
Una parte importante del recinto amurallado que aún sobrevivía fue demolido en la segunda mitad del setecientos, permaneciendo en pie hasta finales del siglo XIX, y principios del XX, las puertas de la Magdalena y San José, la torre de las Cinco Esquinas y algunos restos de murallas y torres embutidas y/o tras viviendas particulares9.
El mal estado de conservación y la ruina de algunos lienzos provocaron el desmonte y reconversión de los espacios resultantes en solares que la ciudadanía solicitaba al municipio para construir. […]
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Plano de la ciudad con las puertas de acceso señaladas

Algunas páginas del artículo
Puerta de la Magdalena y el pilar de Tenerías







(Canal Revista De Lectio)

Fotograma del vídeo de Calle Mayor Digital
(Canal Revista De Lectio)

Capilla de la Magdalena

Puerta del peso o del puente. Pilar de los Caños Dorados

(Canal Revista De Lectio)



La puerta de la Cabeza y la fuente de los Gazís. Llamada Puerta de San Francisco
La puerta y la capilla estaban situadas en la confluencia de la calle de la Cabeza con la placeta de San Francisco y las calles Alamillos y Carril, aportándole dicha advocación el nombre a la vía que desde ella se dirige a la plaza Mayor. En un plano de Baza, inserto en un pleito de principios del siglo XIX (1814-1815), se aprecia su ubicación y disposición». Hasta mediados del siglo XVI se la conocía como puerta de San Francisco.
La advocación de la Virgen de la Cabeza está vinculada con la ciudad jienense de Andújar. Posiblemente su devoción en nuestra ciudad es consecuencia del alto porcentaje de población que llegó en la repoblación del colindante Reino de Jaén, casi un 30%, colonos que trajeron sus costumbres, su cultura, sus tradiciones y sus creencias. Fue una devoción muy popular, del pueblo llano, muy relacionada al gremio, de ganaderos, siendo patrona de los ganaderos de Úbeda».
Las primeras referencias localizadas con respecto a esta advocación en este enclave urbano son de mediados del siglo XVI, coincidiendo con un periodo de máxima popularidad de esta devoción. La primitiva capilla, más bien una hornacina, se construyó en 1555. El 23 de abril de ese año Francisco de Ortigosa, jurado de la ciudad70, contrataba con el carpintero Juan Martínez la construcción de una estación, deducimos que una estancia, una especie de hornacina en la puerta de San Francisco para colocar dentro la imagen de Nuestra Señora de la Cabeza que debió ser de su propiedad. Los trabajos incluían albañilería, carpintería, pintura y dorado. Se le iría pagando al maestro conforme fuesen avanzando las obras. Debía estar finalizada para el día del Corpus de ese año. Puede que estén reutilizando el espacio ocupado por una de las estaciones del Corpus, hecho que se podría deducirse del contrato y de la fijación del plazo de presentación72.
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Fuente y lavadero de los Gazís
Los Gazís, guerreros del norte de África, de la Berbería, llegaron al Reino de Granada donde se asentaron y convivieron con la población musulmana local. Cuando el reino cayó en 1492 se convirtieron al cristianismo, pasando a ser parte integrante de lo que se denomina genéricamente como «moriscos».
Cerca de la puerta de la Cabeza, en la esquina de las calles Agua y Carril había una torre llamada de los Gazís y en su entorno inmediato una fuente del mismo nombre, dónde actualmente se ubica el edificio de Correos. Para una mejor visualización mirar el plano aportado.
El 2 de junio de 1531 se ordenaba levantar un pretil de cal y canto rodeando la fuente. El 23 de febrero de 1551 se subastaba la construcción de un lavadero anexo, trabajo que se llevará a cabo y pagará en 1554. El proyecto ya se estaba preparando en 1549, al mencionarse la necesidad de un lavadero público, anunciando 20 ducados para su edificación».
A mediados del siglo XVIII, tras el asentamiento del beaterio de Santo Domingo en el antiguo hospital Real de la Santísima Trinidad, a pocos metros de esta fuente y lavadero público, el ayuntamiento cedió, el 22 de noviembre de 1752, ambas instalaciones y el espacio circundante a dicho cenobio, con la intención de que las monjas tuviesen más comodidad y pudiesen disfrutar de agua dentro del recinto monacal». A partir de ese momento la Orden levantó un muro en la esquina configurada por la calle del Agua y callejón anexo y todo este espacio público quedó dentro del recinto conventual.
El Beaterio de Santo Domingo

Plaza de las Eras, en 1895

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