Categoría el Nueva retórica

Diego Hernández Ortigosa

Arte de la comunicación

Diego Hernández Ortigosa. IES La Sagra. Prof. de Filosofía

        Apropiándonos de una parte del título que da nombre a este curso, Arte de la comunicación, cualquier docente diría de ella, casi sin pensarlo, que es el instrumento deseable para transmitir saberes asociados especialmente con las Humanidades allá donde se han de dar cita profesores que exponen con fundamento y alumnos que ensayan con lo fundamentado, en un Centro de Enseñanza. Sé que la apropiación es indebida pero la cuestión está más bien en definir esos recursos para quienes nos vemos comprometidos con una pragmática diaria consistente en entender y hacerse entender mejor. El presente curso de formación ha tratado de concretar las herramientas que valgan para potenciar esa competencia comunicativa de alumnos y profesores, proponiendo un modelo operativo inspirado en la retórica escolástica definido por las fases que lo han caracterizado tradicionalmente, pero interpretándolas o adaptándolas a las necesidades de hoy para cualquiera de las disciplinas. Dichas fases son las que siguen. Inventio, acción destinada a seleccionar los contenidos de lo que se quiere decir y los organiza tácticamente para delimitar el dominio en que se han de mover los diferentes argumentos, que exige la actitud previa de haber comprendido (interpretado) para después saber articularlos, y también sirve para usar otros relatos como materiales de apoyo e, incluso, para hacer consideraciones de propia cosecha. Dispositio, cuya finalidad es la de estructurar las fases del discurso recurriendo a elementos (las metáforas, la persuasión) que ayuden a captar la atención de los oyentes o, llegado el momento, saber darse cuenta de cuándo es conveniente rebajar el ritmo del discurso, si acaso la narración o la argumentación se tornan densas, borrosas por su complejidad. Elocutio, que hace referencia a una particular  forma de usar el lenguaje y debería articularse de manera clara, seleccionando las palabras (toda elección cuidadosa o intencionada comporta una selección) para después combinarlas con personalidad, con vida propia, y graduarlas a un auditorio presumiblemente diverso que espera del ponente claves para su formación, informarse y, si somos capaces de provocar expectativas, tal vez deleitarse y, por qué no, emocionarse… Memoria (natural y procedimental), recurso ideativo o de localización de ideas que no puede quedar en un hallazgo de meras representaciones, sino que, en rigor, han de concursar conceptos previamente asimilados como herramientas indispensables del pensamiento, dispuestas en una especial relación (allá donde haya una cierta intradisciplinariedad). Actio, dominio del espacio o puesta en escena, es aquí donde el narrador demuestra su poder y cómo lo gestiona mediante el control de movimientos, proporcionando seguridad en el auditorio, tanto como autoridad, conjugando arte y comunicación, en nuestro particular caso, comunicación de tipo deliberativo, porque busca atraerse el auditorio y convencerlo, mediante la armonización de todos los recursos visuales y orales que sean oportunos.

Después de las sesiones donde han sido definidas estas estrategias queda por medio reconsiderarlas y ensayarlas en materias como Educación para la Ciudadanía, Valores Éticos, Filosofía e Historia de la Filosofía. En todas ellas el modelo es aplicable sin problemas, pero comenzaríamos probando con cada una de las fases, independientemente, en primer lugar, con la Inventio como ejercicio consistente en recopilar contenidos sobre un tema propuesto, por ejemplo, la “libertad de pensamiento y de expresión”. Sería tanto como trabajar por proyectos, actividad en la que cada alumno, o grupos de alumnos, practicarían en la investigación y delimitación de ese tema por los contenidos. Como prueba inicial lo aplicaría en Educación para la Ciudadanía. Los niveles concernidos serían Tercero de Secundaria, Primero y Segundo de Bachillerato. El único problema que percibo es la escasez de tiempo: una hora a la semana por cada grupo. Otro prueba es posible hacerla en Filosofía, donde los alumnos de Primero de Bachillerato ya, de hecho, están recopilando datos sobre los descubrimientos científicos registrados entre los siglos XVII y XVIII para abordar la Modernidad.

Diego Hernández Ortigosa. IES La Sagra. Prof. de Filosofía

Esther Arjona. IES La Sagra

Esther Arjona. IES La Sagra. Prof. de Filosofía

Discurso oral. Transformación de la pedagogía en disputa

La aplicación de los recursos de la Retórica a la enseñanza secundaria pretende no sólo la necesidad de explicar y defender las propias conclusiones, sino que también requiere un ejercicio de crítica y diálogo que implica la responsabilidad en la defensa de las propias ideas y, de los propios actos. Es por ello que las herramientas que nos ofrece la retórica son de forzada aplicación en el contexto educativo si queremos lograr sociedades democráticas en las que el consenso y el diálogo fomenten la justicia social.

Partiendo de los géneros del discurso establecidos por Aristóteles y la ulterior evolución en una alternativa más acorde al proceso educativo que se pretende y, partiendo además, de las partes de la Retórica, llegamos a lo que se entiende por argumentación y su implicación en el discurso oral entendido como disputa, que no demostración autoritaria.

Aristóteles parte de la clasificación establecida por Anaxímenes de Lámpsaco en la que los géneros de la argumentación están clasificados en deliberativos, relativos a lo útil o a “lo mejor” y se pretende, además, imponer una determinada acción que es considerada como fin de la conducta individual y social; judicial, en relación a lo justo e intento de reparación de las injusticias; y, epidíctico, relativo a “lo bello” y “ lo feo” en el sentido de agradar a un auditorio para que quede identificado con lo que se muestra. Además, estos géneros están regidos por los siguientes criterios: contenidos de la tópica establecida, el tiempo referido, el lugar el público hacia el que está dirigido el discurso.  Es por ello que la Retórica, en este caso, está encaminada a un fin y es al de considerar en cada caso lo que es útil para persuadir y no limita su estudio a ningún género concreto como bien dice Aristóteles en el capítulo segundo de la “Retórica”. Sin embargo, presenta una limitación que la hace ineficaz para un sistema educativo democrático, puesto que la deliberación está ausente. Se muestra de modo imperativo y autoritario un planteamiento que convierte el discurso oral en una demostración y no en una disputa y, en la que uno de los participantes en el diálogo no es capaz de defender, formar o explicar sus conclusiones al permanecer persuadido y convencido por el otro dialogante. Esta limitación es superada por Perelman y Olbrechts-Tyteca en su “Tratado de la Argumentación” y consideran que la exposición pedagógica ha de ser una disputa en la que tenga lugar un acuerdo vacío de supuestos autoritarios, a pesar de que el participante en el diálogo tenga como vector defender una verdad evidente. Se llega así a la siguiente pregunta: ¿En que consiste argumentar o disputar? El profesor de la Universidad de Granada, Juan Carlos Fernández Fernández, en sus “Notas para el curso de Discurso oral. El arte de la comunicación” lo concreta de la siguiente manera:

“Argumentar es tener la pretensión de modificar el sistema de creencias del contendiente, tanto como estar dispuesto a modificar las propias, con el objetivo de acordar un sistema novedoso o enriquecer el ya disponible, siendo éste el caso especial de la actividad pedagógica.”

Sin embargo, para poder poner en práctica las herramientas argumentativas en el proceso educativo necesitamos distinguir las partes en las que está compuesta la Retórica. Quedan establecidas las siguientes: inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio. Como alcance a lo que se pretende en el proceso educativo encaminado hacia una sociedad democrática, se van a destacar la inventio y la memoria. Respecto a la inventio  podemos decir que pretende la búsqueda de argumentos con el fin de defender una tesis y de las razones que la sustentan. La memoria, en cambio, desde el punto de vista clásico, y como bien apunta el profesor Juan Carlos Fernández en sus “Notas”, posee un carácter sistemático en el que existe la búsqueda de relaciones de ideas y, por tanto, está desposeído de todo carácter mnemotécnico. Es aquí donde el carácter autoritario demostrativo pierde toda su función y da paso a al recurso de la imaginación de los participantes en el diálogo. Esta idea ya queda reflejada en la obra de Giordano Bruno “Mundo, Magia y Memoria” en la que le da una importancia capital al arte de la memoria como principio de comunicación entre los distintos grados de conocimiento y, en la que la transversalidad y la interdisciplinariedad juegan un papel fundamental en la comprensión del mundo y en el modo de actuar sobre él.

 

La memoria quedaría despojada de toda “mnemotécnica conceptualista” y daría paso al “concepto categórico”, es decir, al uso de conceptos  que permitan llevar a cabo el proceso argumentativo de modo sistemático y reconducido y despojado de todo “fundamentismo”, en un clima que permita el consenso y la deliberación y que permita que una comunidad comparta una cosmovisión.

 

                                                                                              Esther Arjona Aguilar, profesora de Filosofía del IES La Sagra