Esther Arjona. IES La Sagra

Esther Arjona. IES La Sagra

Esther Arjona. IES La Sagra. Prof. de Filosofía

Discurso oral. Transformación de la pedagogía en disputa

La aplicación de los recursos de la Retórica a la enseñanza secundaria pretende no sólo la necesidad de explicar y defender las propias conclusiones, sino que también requiere un ejercicio de crítica y diálogo que implica la responsabilidad en la defensa de las propias ideas y, de los propios actos. Es por ello que las herramientas que nos ofrece la retórica son de forzada aplicación en el contexto educativo si queremos lograr sociedades democráticas en las que el consenso y el diálogo fomenten la justicia social.

Partiendo de los géneros del discurso establecidos por Aristóteles y la ulterior evolución en una alternativa más acorde al proceso educativo que se pretende y, partiendo además, de las partes de la Retórica, llegamos a lo que se entiende por argumentación y su implicación en el discurso oral entendido como disputa, que no demostración autoritaria.

Aristóteles parte de la clasificación establecida por Anaxímenes de Lámpsaco en la que los géneros de la argumentación están clasificados en deliberativos, relativos a lo útil o a “lo mejor” y se pretende, además, imponer una determinada acción que es considerada como fin de la conducta individual y social; judicial, en relación a lo justo e intento de reparación de las injusticias; y, epidíctico, relativo a “lo bello” y “ lo feo” en el sentido de agradar a un auditorio para que quede identificado con lo que se muestra. Además, estos géneros están regidos por los siguientes criterios: contenidos de la tópica establecida, el tiempo referido, el lugar el público hacia el que está dirigido el discurso.  Es por ello que la Retórica, en este caso, está encaminada a un fin y es al de considerar en cada caso lo que es útil para persuadir y no limita su estudio a ningún género concreto como bien dice Aristóteles en el capítulo segundo de la “Retórica”. Sin embargo, presenta una limitación que la hace ineficaz para un sistema educativo democrático, puesto que la deliberación está ausente. Se muestra de modo imperativo y autoritario un planteamiento que convierte el discurso oral en una demostración y no en una disputa y, en la que uno de los participantes en el diálogo no es capaz de defender, formar o explicar sus conclusiones al permanecer persuadido y convencido por el otro dialogante. Esta limitación es superada por Perelman y Olbrechts-Tyteca en su “Tratado de la Argumentación” y consideran que la exposición pedagógica ha de ser una disputa en la que tenga lugar un acuerdo vacío de supuestos autoritarios, a pesar de que el participante en el diálogo tenga como vector defender una verdad evidente. Se llega así a la siguiente pregunta: ¿En que consiste argumentar o disputar? El profesor de la Universidad de Granada, Juan Carlos Fernández Fernández, en sus “Notas para el curso de Discurso oral. El arte de la comunicación” lo concreta de la siguiente manera:

“Argumentar es tener la pretensión de modificar el sistema de creencias del contendiente, tanto como estar dispuesto a modificar las propias, con el objetivo de acordar un sistema novedoso o enriquecer el ya disponible, siendo éste el caso especial de la actividad pedagógica.”

Sin embargo, para poder poner en práctica las herramientas argumentativas en el proceso educativo necesitamos distinguir las partes en las que está compuesta la Retórica. Quedan establecidas las siguientes: inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio. Como alcance a lo que se pretende en el proceso educativo encaminado hacia una sociedad democrática, se van a destacar la inventio y la memoria. Respecto a la inventio  podemos decir que pretende la búsqueda de argumentos con el fin de defender una tesis y de las razones que la sustentan. La memoria, en cambio, desde el punto de vista clásico, y como bien apunta el profesor Juan Carlos Fernández en sus “Notas”, posee un carácter sistemático en el que existe la búsqueda de relaciones de ideas y, por tanto, está desposeído de todo carácter mnemotécnico. Es aquí donde el carácter autoritario demostrativo pierde toda su función y da paso a al recurso de la imaginación de los participantes en el diálogo. Esta idea ya queda reflejada en la obra de Giordano Bruno “Mundo, Magia y Memoria” en la que le da una importancia capital al arte de la memoria como principio de comunicación entre los distintos grados de conocimiento y, en la que la transversalidad y la interdisciplinariedad juegan un papel fundamental en la comprensión del mundo y en el modo de actuar sobre él.

 

La memoria quedaría despojada de toda “mnemotécnica conceptualista” y daría paso al “concepto categórico”, es decir, al uso de conceptos  que permitan llevar a cabo el proceso argumentativo de modo sistemático y reconducido y despojado de todo “fundamentismo”, en un clima que permita el consenso y la deliberación y que permita que una comunidad comparta una cosmovisión.

 

                                                                                              Esther Arjona Aguilar, profesora de Filosofía del IES La Sagra